8.7.11

permanecer...

Ya me había hecho a la idea de tener que trabajar con gente a la que no admiro; pero él dijo que no sabía llegar al lugar de la cena. Fungí como guía y llenó mi noche, hablamos sobre los misterios de la ciudad, su intuición y los silencios que se saben hamsters a toda velocidad en la mente del otro. Me gusta mucho, tiene una biblioteca mental tan grande y ostentosa como su soledad. Estuve, escuché, él siempre entendió más de lo que yo quería decir, se sentía. Lo habría besuqueado pero no supe muy bien qué hacer, sólo lo incluí en esa lista de gente que invita a ser querida por el temor a devenir ellos en unos cuantos años.

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