El finde de brujas fue frío, con viento, tuve que usar mayitas extra bajo los jeans. Ahora he estado inquieta, con imágenes recurrentes, me veo a mi misma sentada en una habitación con una mesa y sillas de madera, básicas... le doy la espalda a la puerta, y voltear a ver si ha llegado alguien es un gesto recurrente: heme ahí frente a un conocido-desconocido; le hablo sobre caminos y aprendizajes, sobre el que hay que ser... antes de conocer y de saber reconocer... a las personas que serán determinantes en nuestra vida. Llevo conmigo ese mensaje de la pérdida como perfección, el desapego y la conspiración cósmica de la que somos parte...
Tan sólo unos minutos después, tras la interrupción de la charla... estoy en el local de a lado, sentada en la barra... todos los chicos del lugar me parecen cercanos, tengo el Tarot en las manos y alguién que lo mira empieza a decir cosas que me suenan a una especie de cántico dirigido a mí, lo miro, es altísimo, lo conozco, es parte de las personas como yo; habla de la Kabbalah, en cierto momento se detiene a un lado de mi, me pide ver una carta... mientras la busco levanta el lado izquierdo de su pantalón (el lado intuitivo), y entonces veo al descubierto el felino pequeñito y medievalísimo de El Loco, tatuado, perfecto, amarillo. La siguiente escena transcurre dos locales más allá, en el lugar donde cenamos... me incorporo tarde a la mesa, todos comen, él me da un trozo de bocatta y mientras lo reviso... dice: Yo tampoco como carne.
Tan sólo unos minutos después, tras la interrupción de la charla... estoy en el local de a lado, sentada en la barra... todos los chicos del lugar me parecen cercanos, tengo el Tarot en las manos y alguién que lo mira empieza a decir cosas que me suenan a una especie de cántico dirigido a mí, lo miro, es altísimo, lo conozco, es parte de las personas como yo; habla de la Kabbalah, en cierto momento se detiene a un lado de mi, me pide ver una carta... mientras la busco levanta el lado izquierdo de su pantalón (el lado intuitivo), y entonces veo al descubierto el felino pequeñito y medievalísimo de El Loco, tatuado, perfecto, amarillo. La siguiente escena transcurre dos locales más allá, en el lugar donde cenamos... me incorporo tarde a la mesa, todos comen, él me da un trozo de bocatta y mientras lo reviso... dice: Yo tampoco como carne.
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