Había tres niveles en aquella fiesta, todos eran pegajosos. En el primero una chica adivinó mi edad, en el segundo un chico con parche en el ojo preguntó si yo era estudiante de diseño o artes plásticas, y en el tercero me esperaba un poco la casualidad y otro poco el destino.
Cuando lo vi, resonó en mi mente el... ¿y qué pasaría si yo me hubiera hecho pasar por el personaje al que esperas?, surgido de la confusión del finde anterior al que haré referencia. Mi personaje estaba ahí, tan fuera de lugar como siempre lo estaría un Tenenbaum, lo vi por casualidad, como un poste que hace guardia entre el baño, el pozo y el cuarto oscuro; yo acompañaba a dos amigas que hacían fila en el baño de chicos... apostando por la piedad caballeresca ante una noche de cervezas.
Me acerqué por aburrimiento, no porque estuviera segura de que lo conocía... el impulso surgió formulado de este modo:: wo, tengo que decirle a ese chico que es idéntico a... y me imaginé a mí misma en una escena con musiquita Django en el fondo. Cuando dí el primer paso todo iba demasiado adelante, ya él me veía, yo lo veía, él me veía, yo me aproximaba y él seguía viéndome, estuve a unos pasos y no llegué hasta él, regresé con mis amigas y dije: plan cancelado, él me está mirando como si realmente fuera ese chico al que conozco. El punto es que no lo es, no podría serlo, no en un escondite como este y a mucho tiempo de distancia del lugar dónde lo dejé la última vez; podría ser su hermano, una especie de hermano muy parecido que heredó toda la información subjetiva que se puede almacenar para mirarme de ese modo (y tampoco es que nos conociéramos mucho).
Finalmente hablamos, trivialidades, era él, lo hice para no arrepentirme, cuatro minutos de referencias, sonrisas, información superflua y cuando me descubrí más animada que el resto, es decir que él y un chico que nos observaba sin participar de la conversación local, bueno, translocal... me disculpé y desaparecí.
Finalmente hablamos, trivialidades, era él, lo hice para no arrepentirme, cuatro minutos de referencias, sonrisas, información superflua y cuando me descubrí más animada que el resto, es decir que él y un chico que nos observaba sin participar de la conversación local, bueno, translocal... me disculpé y desaparecí.
Luego nada, volví a casa, tuve más y nuevas fiestas, comí papas fritas, leí teoría política, compré tulipanes y le escribí mensajes lindos al cretino de siempre. Pasaron casi tres semanas muy llenas de esas pequeñas cosas lentas y necesarias que componen una vida normal.
Hace unos días recibí un mensaje, brevísimo e incomprensible, con cierto entusiasmo que esperaba percibir hace unas semanas... y que extrañamente tengo la impresión de que se le acaba de ocurrir. En fin, no sé de que va... podría idear finales para la película pero lo más seguro es que no los haya.
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