Estoy indignadísima, avergonzada y triste por la situación de México y el norte de América en general; nos estamos convirtiendo en el Holocausto de los Estados Unidos, si ese es el precio por tener un status internacional cómodo (G20)... yo no estoy dispuesta a hacerme fan y cómplice.
Hoy aparecieron 72 cadáveres de latinoamericanos en un rancho de Tamaulipas; pareciera que en este país las matanzas ya no son novedad, si bien es cierto que nuestra relación cultural con la muerte no ha dejado nunca de ser estrecha (sacrificios humanos, guerras floridas, xipe totec...) hemos llegado a un límite imperdonable. No sólo se trata de 72 cuerpos, de 72 sueños, de 72 almas, de 72 familias llenas de incertidumbre. Se trata del abuso desfachatado sobre la vulnerabilidad de los otros, de una sociedad indiferente que lo permite, lo fomenta y crea seres capaces de pisotear la dignidad y acabar con la vida de otros humanos por encargo, sin otro motivo que su identidad.
¿Qué carajo estamos haciendo?
Quizás tenemos un momento difícil con el resto de América Latina, ni a ellos ni a nosotros nos gusta... pero somos hermanos. Por más que los mexicanos seamos "cachorros del imperios", "vende razas", neoliberales creídos, dignos hijos de la malinche... y ellos sean "sudacas", "marasalvatruchas", "machupichus" o hijos de sepa Dios que república bananera... existen motivos de conmiseración más grandes que eso, somos seres humanos, tenemos la misma piel, la misma historia, el mismo idioma y la misma expresión en la mirada de ojos oscuros.
A mi me dio tiempo de pertenecer a una generación con el narcotráfico idealizado... hombres del norte, todopoderosos con acento, grandes y serios, con botas y sombrero, estrategas cabrones, los únicos capaces de burlar toda la seguridad del imperio para compartir la marihuana y la coca, regalos de la tierra latinoamericana, con los pobres yanquis veteranos de guerra, atrapados en una vida sin magia y necesitados de evasión de realidad. Los grandes capos, innombrables, aquellos que llegaban ahí donde el gobierno no existía, aquellos a quien nadie traicionaba, y que mantenían la seguridad y economía del país en estabilidad, aquellos que contrataban a Paquita la del Barrio para sus fiestas, los que se hacían súper cirugías plásticas para cambiar de aspecto o por los que llegaban helicópteros hiper-equipados al patio de la prisión para rescatarlos (si pasó, ¿no?) esos que hacían de ser "naco" todo un ritual y lujo. Señores narcotraficantes, que nostalgía, no pueden estarse convirtiendo en asesinos vulgares, (ya tenemos bastante con el ejercito...) si van a existir al menos háganlo con dignidad.
es muy triste que la vida humana se convierta en cifras, estas personas ya son solo numeros mas, que cosa mas triste....
RispondiEliminaMe ha encantado este artículo, tanto, que por una vez firmo con mi nombre en vez de usar patéticos psudónimos inspirados por la literatura o el cine anglosajón.
RispondiEliminaRoberto...
RispondiEliminalo sabía, te odio.
supongo que eso nos convierte en enemigatos.
RispondiEliminasi, así es.
RispondiEliminay cuando lo supere, sólo seremos personas que no se importan mutuamente.