Los grandes trayectos me conmueven, las vías y carreteras son sitios ideales para llorar, así sin que pase nada, llorar como camino, como otra forma de estar, lavarse, abrazar a desconocidos y acabarse sus kleenex sin más, diciendo que se está bien, que se llora porque si, por el mundo, por estar solo y por no estar solo. Luego sólo se respira profundo, se piensa mejor y se camina a casa con un alma un poco más ligera.
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