Siempre he asumido que si nací y sigo aquí es para tratar de conquistar el mundo (no confundir conquistar con dominar) pero de pronto, los domingos a medio día, sentadita en flor de loto sobre mi cama y con "common people" como fondo, atacan las dudas.
Y es qué aún debo trabajar mucho sobre los temores y mi concepción americana (demasiado americana) de diseñarme una vida, en este país cuyo territorio llega hasta donde se deja de comer tortillas, se nos ha hecho creer que migrar es pecado y que viajar es para magnates excentricos, al menos en esta ciudad, los simples mortales deberíamos concretarnos a "contruir un cuarto" en la parcelita siguiente de la casa materna, enamorarnos del chico que hemos visto pasar todos los días camino a la escuela, y de ser posible heredar el trabajo de los padres, vacaciones en Veracruz (Acapulco, en caso de DF) vendrían bien para verse intrèpido de vez en cuando y ya.
Creo que entiendo el sistema, funciona, hasta le tengo aprecio... pero mi espíritu desea un poco más, y disfrutar el mundo no tiene porqué tener barreras políticas, económicas o raciales. La movilidad territorial es tan primordial como cualquier derecho humano, ¿en qué estamos pensando?, el hombre moderno mato al rey pero electrificó los límites de su reino, luego prohibio fumar, legitimó abortar, echo insecticida y nos hizo creer que debería ser así por siempre.
Me resisto a respetar ese pacto, si el Starbucks puede estar en todos lados, ¿Por qué yo no?, me he prometido recuperar el tiempo perdido, sanar la distancia, si mi alma es florentina o magrebí, ire ahí en busca de una vida, contemplada por estatuas blancas o protegida por el sol intensisimo. Amo a México, no podría tener mejor identidad... pero yo no quiero ser "siempre fiel".
GRAN GRAN POST!!
RispondiEliminayo tambien amo tu blog.
RispondiEliminaes. tan. cierto.
aunque, de cierto modo
mas bien no ven la inmigración
con la penita del ultimo recurso?
aa y que tal cyborg?
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