16.6.08

el club del café

Una de esas cosas por las que vale la pena ser yo es la relación que he establecido con los miedos, el continuo reto de hacer mi voluntad pasando por sobre los límites fantasmagóricos inducidos en Ju, sucede que una vez rebasados esos límites doy por territorio conquistado el espacio, tiempo y situación enfrentada...
Por eso este fin de semana, vagando un poco... termine a unos 200 kilómetros de la ciudad, catando café en una casa inmensa de techo alto, ventanas amplias, espejos dentro y clima húmedo.
Pasó que busqué un lugar seguro ya conquistado con anterioridad... para caminar sin rumbo y sin preocupaciones, caminando por las calles más céntricas, me asome por una ventana a algo que parecía ser el club del café... una sala rosa, medio barroca, llena de gente y con olor a café, había un hombre hablando en el centro y el resto lo rodeaba con cierta rigidez ceremonial, me invitaron a pasar y no se por que acepte, quizás ni siquiera fui yo sino mi adicción a la cafeína.
no había más de 25 personas, señores freakies, esposas tolerantes, niños pálidos y 3 o 4 intelectualillos con lentecitos de pasta, u know... hablaban de la diferencia de sabor según los tostados de la sagrada semilla, la cantidad en gramos aplicable a medio litro de agua y el tipo de pan o sabores adecuados a cada presentación del café.
Luego vino un momento muy divertido, el anfitrión tomo un artefacto extraño de entre muchos otros que había en la mesa de centro, que esta vez era la mesa de lado, era una cafetera del siglo XIX según dijo, de diseño francés... se trataba de un recipiente de cristal, uno metálico, un mechero y un grifo... demostración fascinante de todo lo que se puede hacer para tomar café...
quizás no deba dar más detalles, de cualquier forma no hay modo de transmitir la magia por este medio -me han hecho creer -
anyway, vayan a coatepec y beban café vienés, con avelino.

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